LOS DESVELOS DEL DOXÓGRAFO

La tradición doxográfica consistía en recopilar, de diversas maneras, las opiniones de terceros autores.
¿Es posible otra escritura?
En la historia, los nombres y las fechas son circunstanciales, mojones arbitrarios y consuelo de nuestras íntimas aspiraciones. Un nombre y una fecha no son más que una ilusión, que nos permite velarnos, espejarnos en el otro. Tal vez, para ocultar y evidenciar que no somos más que objetos tallados con la inmaterialidad de la palabra; objetos de sentido incierto, aunque a veces verosímil.
Somos hablados, decimos lo dicho. En el mejor de los casos armamos, con unas cuentas coloridas y los espejos que nos circundan, un universo de probabilidades imposible de explorar en una vida.
Sin embargo, hablamos. Nos hacemos a la mar en pos de Las Molucas demostrando que el encuentro, la metáfora, no es más que un accidente imprescindible.
La metáfora, multiplicadora de sentidos, siempre necesita del otro, que se los otorga. Se es dicho, bien o mal, pero se es dicho. Construcción colectiva, en la que el destino de cada letra que la forja ha extraviado la causalidad.
Somos meros vectores del lenguaje. Cada quien se las arregla, de alguna manera, con las voces que lo habitan. Todo otro ideal pareciera casi alucinado.

Jorge Pablo Yakoncick.







miércoles, 3 de marzo de 2010

PARRA POR DIPRÉ. Recuerdo del parricidio.

“… cada uno tiene uno o dos padres textuales, y como dice la teoría extrapolada del doctor Freud, en algún momento hay que consumar el parricidio. En mi caso qué duda cabía, tiene el peso doble del parricidio, y quizá otro adicional más, otro volumen, que es el de haber ido contra la escritura de Parra mimándola, quebrándola, fagocitándola. Ganando o perdiendo, eso no importa tanto mientras el parricidio se consume, y uno se desprende y anda por la vida sin tantos complejos. No hay parricidio que no sea un homenaje”. (Jorge Dipré, de correspondencia personal).


ES OLVIDO

Juro que no recuerdo ni su nombre,
Mas moriré llamándola María,
No por simple capricho de poeta:
Por su aspecto de plaza de provincia.
¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros,
Ella una joven pálida y sombría.
Al volver una tarde del Liceo
Supe de la su muerte inmerecida,
Nueva que me causó tal desengaño
Que derramé una lágrima al oírla.
Una lágrima, sí, ¡quién lo creyera!
Y eso que soy persona de energía.
Si he de conceder crédito a lo dicho
Por la gente que trajo la noticia
Debo creer, sin vacilar un punto,
Que murió con mi nombre en las pupilas.
Hecho que me sorprende, porque nunca
Fue para mí otra cosa que una amiga.
Nunca tuve con ella más que simples
Relaciones de estricta cortesía,
Nada más que palabras y palabras
Y una que otra mención de golondrinas.
La conocí en mi pueblo (de mi pueblo
Sólo queda un puñado de cenizas),
Pero jamás vi en ella otro destino
Que el de una joven triste y pensativa
Tanto fue así que hasta llegué a tratarla
Con el celeste nombre de María,
Circunstancia que prueba claramente
La exactitud central de mi doctrina.
Puede ser que una vez la haya besado,
¡Quién es el que no besa a sus amigas!
Pero tened presente que lo hice
Sin darme cuenta bien de lo que hacía.
No negaré, eso sí, que me gustaba
Su inmaterial y vaga compañía
Que era como el espíritu sereno
Que a las flores domésticas anima.
Yo no puedo ocultar de ningún modo
La importancia que tuvo su sonrisa
Ni desvirtuar el favorable influjo
Que hasta en las mismas piedras ejercía.
Agreguemos, aún, que de la noche
Fueron sus ojos fuente fidedigna.
Mas, a pesar de todo, es necesario
Que comprendan que yo no la quería
Sino con ese vago sentimiento
Con que a un pariente enfermo se designa.
Sin embargo sucede, sin embargo,
Lo que a esta fecha aún me maravilla,
Ese inaudito y singular ejemplo
De morir con mi nombre en las pupilas,
Ella, múltiple rosa inmaculada,
Ella que era una lámpara legítima.
Tiene razón, mucha razón, la gente
Que se pasa quejando noche y día
De que el mundo traidor en que vivimos
Vale menos que rueda detenida:
Mucho más honorable es una tumba,
Vale más una hoja enmohecida.
Nada es verdad, aquí nada perdura,
Ni el color del cristal con que se mira.

Hoy es un día azul de primavera,
Creo que moriré de poesía,
De esa famosa joven melancólica
No recuerdo ni el nombre que tenía.
Sólo sé que pasó por este mundo
Como una paloma fugitiva:
La olvidé sin quererlo, lentamente,
Como todas las cosas de la vida.

Nicanor Parra, de Poemas y Antipoemas, 1954.


Doxografía:

“… el texto propio tiene el agregado de que fue reescrito muchas veces, y esta es la versión más pasable (no la que me llena, pero hasta ahí avancé), y tiene su origen en una situación personal… ahora quizá ya no lo recuerde para no perder eso que atesoro, con un poco de vergüenza, pero con mucha gratitud”. (J. D., ibid).


QUERIDA AMIGA (Es Olvido)

‘la poesía suele tener
el costo de una ausencia’



Ni el poema (ni yo)
puede encontrar tu nombre
ni puede él
encontrarse en sí

Hurga en aquel estío
de plaza estridente y joven,
(Tu enorme sonrisa quemada
en blanco)

La brisa
la brisa arrastraba hojas
que sobrevivieron al invierno
se llevaba las voces a otro lugar;
voces que apretadas entre ramas
junto a trinos de aves oscuras
eran arrojadas lejos del pueblo
a recibir ocasos extraños
(Te ríes
en algún lugar
te ríes)

Ahora que estoy viejo y arruinado
como un leño podrido
o una bolsa de arpillera
Ahora que miro detrás del vidrio
las muchachas matinales
cómo surgen de la rutina de la urbe
arrollan con su menear a los taxis
borran los interminables colectivos
despabilan a los grises oficinistas
y corrompen la mirada del varón santo
sé que me ofrecías
un rubí
pero yo era como los pavos reales
con su cola
vacío como un absurdo cofre.

Sobrevuelas mis anocheceres
como abolidos pétalos
de una constelación de gestos.
¿Cómo te llamabas?
¿Qué importa, verdad?
cualquier nombre quebraría el conjuro
como si finalmente
el poema se encontrara
(dejándonos sin poesía).


Jorge Dipré, de Parricidio, 1990, líbro inédito.

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Jorge Dipré, nació en Ceres, Prov. de Santa Fe, Argentina, en 1960.
PUBLICACIONES:
Cenizas- Venado Tuerto, 1983, Editorial Expresión. Poesía. (Libro compartido con Elsa Pfleiderer, Leandro Tuntisi, Oscar Baldomá, Boris Padován y Juan Carlos Rodriguez).
Sacramento- Venado Tuerto, 1984, Editorial Transparencia. Poesía. (Libro compartido con Leandro Tuntisi).
Hacia Arriba- Venado Tuerto, 1984, Ediciones El Heresiarca & Cía. Poesía.
El Señor S- Rosario, 1985, Ediciones El Heresiarca & Cía. Prosa. (Escritura en común con Jorge P. Yakoncick).
13- Rosario, 1987, Ediciones El Heresiarca & Cía. Poesía. (Libro en común con Oscar P. Baldomá).
El Bodrio- Rosario, 1990, Ediciones El Heresiarca & Cía. Poesía. (libro en común con Jorge P. Yakoncick).
Del Señor S sólo sueños- Rosario, 1991, Ediciones Cooperativas No Muerden. Prosa. (Escritura en común con Jorge P. Yakoncick).
Poemas Notables- Rosario, 1993, Ediciones El Heresiarca & Cía. Poesía (parte integrante del libro Desfile de Monstruos)
Entre Trenes – Resistencia, 1990-2004, Ediciones El Heresiarca & Cía. Poesía (edición digital, http://ar.geocities.com/elheresiarca/entretrenes.swf)
Merodea – Córdoba, 2006, Ediciones Recovecos. Poesía
Todo se quema aquí - Córdoba, 2009, Ediciones Recovecos. Poesía.
Fue co-director de la revista Transparencia, La Turbamulta, Piedra Libre; secretario de redacción de la revista Expresión.
Integró, en Venado Tuerto, ‘LUZ –grupo pro Arte y Cultura’ y participó, en Rosario, del ‘Poeta Manco’.
Fundó, junto a Pablo Beker, Jorge Yakoncick, Juan Carlos Rodríguez, Carmen Bruna y Oscar Pablo Baldomá, la revista La Luna de Tlön.
Cursó la carrera de Letras en la Escuela de Letras de la Universidad Nacional de Rosario.
Dirigió la esporádica editorial El Heresiarca & Cía. desde 1984.
Estuvo a cargo de la revista electrónica de textos ‘de Cierta Poesía’, publicación digital transformada en ‘La Luna de Tlön’, 2ª época, y de los boletines electrónicos de ‘El Heresiarca’
Ha participado del primero y del noveno FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA en ROSARIO -como lector. También ha coordinado mesas de poetas en otras ediciones del referido festival, y en la Feria del Libro en Córdoba, durante el 2007.

8 comentarios:

nancy dijo...

Me gustó mucho más "Es olvido". Bueno, ya sabías que no me simpatizaba nada alguien que vive triste y se muere con las pupilas llenas de alguien que ni se acuerda de su nombre. Creo que tu María siguió viviendo la vida, que de nada vale un poema cuando ya te moriste.
Un beso

nancy dijo...

Glup! Quise decir, me gustó más el tuyo. Parricidio perfecto

Jorge P. Yakoncick dijo...

Gracias Nancy, por comentar tu preferencia. Tal antipatía habría que intuirla, pero la vanidad suele cegar al hombre.

Anónimo dijo...

Jorge Yaconcick: tal vez no sea lo que se espera de una crítica, pero juzgo lo que leo menos por la forma que por lo que me provoca. El arte no está en la capacidad de suscitar múltiples lecturas y sentimientos?
Sin eso, podría decir que el poema de Parra es "lindo", pero ocurre que me provoca antipatía. De todas maneras, me gusta Parra, y nuestro amigo Jorge también.

Jorge P. Yakoncick dijo...

Gracias amigo/a anónimo/a por tu comentario, me gusta y acuerdo con tu ubicación del arte. Tal vez, en última instancia, todo lo que podamos decir respecto a un objeto artístico sea para justificar esa causalidad final: place o displace.

Nancy León dijo...

No soy anónimo. Soy Nancy, la mesma del comentario encima, y aparecer como anónima seguramente es producto de mi porfiada inhabilidad con el mundo electrónico.
Dije que me gusta Parra, y la antipatía que me provoca debe ser una prueba de su genio, verdad?
Voy a pasear por tu blog.

Fernando Belottini dijo...

Qué buen parricida este Dipré. Logra en su poema, al presentarlo de este modo, enriquecer el sentido. Celebro el post. Y abrazo a los Jorges.

Anónimo dijo...

Esto que hizo el heresiarca Jorge Dipré ya no es olvido, y es muy otra cosa que lo que llaman recreación. Es parricidio premeditado y alevoso,
con lenguaje, tono, y estilo dipréico o dipreano; la mejor manera de limpiar el jardín autoral o la cocina del escritor, para que afloren e inter-textúen otros cantares de los cantares, otros psalmos, otras flores del bien o del mal o de más allá que no sean las de Baudelaire, otras hojas de hierba que no sean las del padre whitmann y otras hojas de parra que no sean las de Nicanor.
Rubén Vedovaldi, desde Rosario ARGENTINA