LOS DESVELOS DEL DOXÓGRAFO

La tradición doxográfica consistía en recopilar, de diversas maneras, las opiniones de terceros autores.
¿Es posible otra escritura?
En la historia, los nombres y las fechas son circunstanciales, mojones arbitrarios y consuelo de nuestras íntimas aspiraciones. Un nombre y una fecha no son más que una ilusión, que nos permite velarnos, espejarnos en el otro. Tal vez, para ocultar y evidenciar que no somos más que objetos tallados con la inmaterialidad de la palabra; objetos de sentido incierto, aunque a veces verosímil.
Somos hablados, decimos lo dicho. En el mejor de los casos armamos, con unas cuentas coloridas y los espejos que nos circundan, un universo de probabilidades imposible de explorar en una vida.
Sin embargo, hablamos. Nos hacemos a la mar en pos de Las Molucas demostrando que el encuentro, la metáfora, no es más que un accidente imprescindible.
La metáfora, multiplicadora de sentidos, siempre necesita del otro, que se los otorga. Se es dicho, bien o mal, pero se es dicho. Construcción colectiva, en la que el destino de cada letra que la forja ha extraviado la causalidad.
Somos meros vectores del lenguaje. Cada quien se las arregla, de alguna manera, con las voces que lo habitan. Todo otro ideal pareciera casi alucinado.

Jorge Pablo Yakoncick.







lunes, 25 de noviembre de 2013

Poemas de Lu Ki, China, s. III

Lu Ki (261-303): Poesía China, Cía. Gral. Fabril Editora, Bs. As., 1960.














CANCIÓN DEL SOLDADO

¡Duro es ser enviado a la guerra lejana!
Se está errante, disperso en los cuatro confines;
al sur, has de subir las cumbres escarpadas;
al norte, has de velar sobre la gran muralla.

Los abismos se extienden, estrechos y profundos,
los montes se levantan abruptos y salvajes.
El ejército marcha como un extenso brazo,
indicando las rutas del desierto de arena.

Has de sufrir la angustia de los calores tórridos,
has de ser asaltado por los vientos helados.
A veces los estíos calcinan los boscajes,
a veces el invierno hiela y cubre torrentes.

Los Hunos a caballo se juntan como nubes,
las banderas del Sur relumbran más que astros,
le ve cómo las flechas tras de las flechas vuelan.
El canto de su paso sin tregua se sucede.

Se come en la mañana sin quitarse las armas,
a la noche se duerme en la lanza apoyado…
¡Qué duro es que te envíen a la lejana guerra,
cuán grande es el dolor que el corazón oprime!


ADIOS ETERNO

No hay camino de vuelta,
se va, y no se vuelve nunca.
Cuantos más años pasen,
el muerto estará más lejos.
No hay ningún camino.
¿A dónde ir a buscarlo?
Los árboles del patio
se deshojan,
las yerbas sobre la tumba
cada día son más ásperas,
Más ásperas.


LA LUNA SE RENUEVA

El hombre vive sólo un instante,
la luna se renueva.
¿Qué haríamos para conservar la plenitud de la vida?
La luna se renueva.
El bien y el mal me siguen, confundidos.
Dentro de cien años, ¿quién de nosotros estará?
Es triste ver cómo los ríos huyen.
El presente se escapa, no podemos seguirlo.
La luna se renueva.
No sirven de socorro ni la virtud ni el renombre.
Eran perfectos los sabios de otros tiempos.
Por todas partes se extendía su fama.
¿En dónde están y en dónde se conserva su nombre?
La luna se renueva.
Es difícil establecer el mérito;
en toda empresa grande es tan común errar…
¿Cómo saberlo si nada sobrevive?
Lleno de pena el sabio suspira,
sólo puede suspirar profundamente.


CANCIÓN

Un viento suave corre el bosque, soplando tenuemente;
las ramas, alargando sus hojas, crean la sombra;
zurean las torcazas, baten alas, se buscan;
a lo lejos, las oropéndolas chillan.
Yo pienso que el tiempo huye y mi corazón se quiebra.
Los soles y las lunas se suceden sin pausa,
toda distancia en un instante se recorre.
Poco a poco los mortales desaparecen;
su brillo es un fulgor, se van y no regresan.
Mi pensamiento sufre sin poder desatarse.

Antes yo era joven, despreocupado, y me asombraba
ver a los hombres apresurarse a gozar los menores momentos.
Me preguntaba: ¿Por qué tan apresurados, qué buscan?
Ahora se que la razón les acompañaba.
Una vez viejos, la edad viril se extingue.

Después de la elevación, es necesaria la caída.
La noche es oscura y sin límites.
¿Cómo no apresurarnos cuando aún tenemos tiempo?
¿Un poco de alegría antes de reposar eternamente?
¿A quién legaríamos los amores que aún no hemos agotado?
El hombre que vive en el mundo busca la calma;
cuando la consigue se alegra.
Pero los caminos del mundo son innumerables y extensos;
las penas se cruzan, los dolores se confunden,
la vejez llega pronto. Suspiremos largamente.


CANCIÓN BREVE

Estoy bebiendo vino en la sala alta.
Mientras bebo, canto tristemente.
La vida humana velozmente huye,
como a la aurora el rocío desaparece.

El tiempo no puede regresar sobre sus pasos,
la flor no puede volver a florecer,
la petunia se muestra en primavera,
la gardenia, en otoño.

Es triste que queden pocos días delante,
es triste haber dejado tantos días atrás.
El presente no me da ya alegría.
Oigo cantar el grillo.

Cuando estamos juntos, ése es mi júbilo;
cuando nos separamos, ésa es mi tristeza.
¿Cómo no penar,
cómo olvidaros nunca?

Aunque el vino sea excelente,
aunque el festín sea exquisito,
termino mi breve canción.

La larga noche no tiene fin.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

El arte literario según Lu Ki, poeta chino del siglo III

LU KI (siglo III), “Arte Literaria”, Poesía China, Cía. Gral. Fabril Editora, Bs. As., 1960.



Cuando yo me pongo a examinar las obras de los escritores de talento, me parece que llego a comprender su manera. Hay muchas variedades en el arte de disponer las palabras y utilizar el idioma, puedo llegar a discutir lo que da atractivo a las obras literarias y las calidades que les faltan, así como dar un juicio favorable o desfavorable sobre lo que estas propiedades arrastran.
Cuando soy yo quien escribe, veo aún mejor este mecanismo. Con frecuencia siento pena al comprobar que mi pensamiento no sigue el tema con facilidad, que las palabras que empleo no agotan mi pensamiento. La dificultad consiste en tal caso no sólo en darse cuenta, sino en tener las facultades necesarias, lo que es más raro.
Apoyándome en esto, he compuesto este poema sobre el arte literario, a fin de exponer en qué consiste la perfección artística de los autores clásicos y poder, al mismo tiempo, examinar las cualidades y defectos de la obra literaria que creamos. De ese modo la posteridad juzgará quién ha sabido penetrar más hondamente las sutilezas de tan difícil arte.
Si se quiere escribir imitando los modelos conocidos, es muy simple, pero si se busca la forma personal propia, encontramos lo difícil que resulta traducir la personalidad en palabras. Por lo tanto, he querido reunir en este poema todo aquello de lo cual se puede hablar.
A fin de obtener un conjunto y poder mirar a lo lejos, el poeta despierta su sentimiento y su voluntad, ayudándose con las obras clásicas. Así sigue la sucesión de las cuatro estaciones, suspirando ante su fuga, contempla la naturaleza y sueña en su confusa multitud de seres; cuando llega el poderoso otoño, se entristece ante la caída de las hojas y, con la primavera perfumada, exulta ante sus tiernos brotes.
Se vuelve su corazón respetuoso y deferente; acaricia su pureza, parecida a la escarcha; sus pensamientos se tornan elevados y vastos, alcanzando las nubes. Ve cómo cantan las grandezas y el brillo de las virtudes de su tiempo, celebrando el perfume transparente de las virtudes de los hombres de antaño. Así yerra entre el estilo y la abundancia de los clásicos, alabando el acorde armonioso entre tema y estilo que hay en las obras elegantes y perfectas. Entonces, preso de un generoso impulso, abandona los libros y toma el pincel para traducir su inspiración en palabras.
Antes de comenzar, se recoge en sí mismo, mirándose y escuchándose interiormente; se abandona a su intimidad y se desvive por interrogar su pensamiento. Recorre su alma los confines del mundo, mientras su corazón planea a diez mil pies de altura. Al fin, su espíritu comienza a manifestarse cada vez más y más brillantemente; su tema es más claro y preciso. Entonces, agotando la quintaesencia de todos los escritos antiguos, se impregna en el perfume de las obras canónicas. Así su alma flota sobre el abismo del cielo y se sumerge en las profundidades de las fuentes subterráneas.
En ese momento, las palabras profundas aparecen penosamente, como esos peces vagabundos colgados del anzuelo que sacamos de la hondura del abismo enorme; los adornos literarios del estilo llegan palpitantes como las aves que vuelan altas en el viento y a las que se hace regresar con un cordón atado a una flecha, precipitándose de las nubes.
El poeta concierta las expresiones no usadas por cien generaciones de autores y junta las rimas que omitieron los poetas en miles de años transcurridos; renuncia a las flores de la mañana; como ya están muy vistas, hace estallar los capullos de la noche, porque aún no han sido abiertos. En un instante, junta el pasado al presente y de una mirada abraza los confines del mundo.
Seguidamente elige los términos según el sentido, los clasifica por su valor, fija las palabras y embellece el orden. Deja en la luz lo que tiene posibilidad de brillar, hace que vibre todo lo que es susceptible de emitir un sonido armonioso. Tan pronto desciende a lo largo de la rama para ordenar las hojas, como remonta la corriente para buscar el venero. A veces, al partir de una base oculta, llega resultados satisfactorios; otras veces, buscando lo fácil, alcanza lo difícil. Realza su estilo como tigre que cambia su piel, lo doma como se domestica un animal, lo levanta con el fulgor de un dragón, lo mece como un pájaro flotando entre las olas. Tan pronto encuentra pensamientos justos y seguros, fáciles de expresar, como tropieza con escollos que le impiden encontrar lo que busca.
Ha agotado la pureza de su corazón para concentrar su pensamiento, medita cuidadosamente, y únicamente luego formula su discurso. Entonces encierra el cielo y la tierra que describe y hace que la naturaleza toda se pliegue a su pincel. Al principio, duda y no avanza, se le seca la boca; al fin, deja correr abiertamente su pincel húmedo. La razón sostiene el tema de la composición formando un tronco; el estilo se suspende en ramificaciones, floreciéndolo. No hay ninguna divergencia entre su sentimiento interior y la forma exterior de expresión; el menor cambio aparecería en la superficie. Si el autor piensa en la alegría que siente, está seguro de echarse a reír; si está en el punto de hablar de la aflicción, está seguro de suspirar. Tan pronto agarra con precipitación las tablillas como detiene el avance de su pincel.
¡Ah, la alegría que se siente creando fue la que más apreciaron los sabios de otros tiempos! El autor escruta el vacío y la nada y encuentra la existencia, examina el silencio y le arranca sonidos. Hace caber la inmensidad en una hoja y brotar la perfección universal de un corazón que sólo mide un puño. Amplía la palabra que se torna colmada y vasta, la ordena y la vuelve aún más profunda. Despide su perfume como una planta cargada de flores olorosas y crea una abundancia perfecta, parecida a un boscaje de ramas verdeantes. Es como un viento puro que sopla en torbellino, como cúmulos de nubes voladoras alzándose.
Las formas presentan diez mil variedades, sin medida común a los demás seres. Todo es desbordante y desbordado; no se podrían clasificar las apariencias ni los aspectos regulares. El autor busca en el vocabulario los materiales que necesita para sus ideas como buen obrero que toma lo preciso. Se esfuerza por triar entre lo que es y lo que no es, examinando lo más profundo y lo que no lo es tanto; huyendo de las fórmulas rutinarias, trata de agotar todos los aspectos y utilizar todas las apariencias. Utiliza la profusión para halagar los ojos, pero guarda la preocupación de la medida para satisfacer el alma. No debe dar impresión de escasez agotando el vocabulario; su forma ha de ser amplia, sin sufrir restricciones.
La poesía se apoya sobre sentimientos; es rica y sonora. El poema en prosa da cuerpo a lo que describe: es limpio y ancho. La inscripción sobre la estela debe ornamentar el estilo, pero ser sincera. El elogio fúnebre ha de ser afectuoso y lleno de dolor. La inscripción será amplia en cuanto a tema, pero sucinta por su estilo, fina y elegante. La amonestación es de estilo fluctuante, pero sus intenciones deben ser puras y sus términos vigorosos. El elogio debe tener facilidad y distinción. La disertación será minuciosa y perspicaz, clara y bien desarrollada; el informe al trono, sereno y firme, guardando así las conveniencias; el discurso, brillante y lleno de artificios.
Aunque la diferencia entre los géneros sea tan grande, todos deben evitar la licencia y restringir la extravagancia. Lo esencial es tener una palabra expresiva, un pensamiento justo y bien desarrollado. He ahí por lo cual todo lo que es largo y confuso no sirve de nada.
En su conjunto, la composición debe tener mucha gracia y variedad, tanta como son de numerosos sus géneros. Sin embargo, todos tiene como fin principal poner en primer término el sentimiento que inspira el tema; el papel de la palabra es realzar su belleza.
Cuando los sonidos diversos cambian, sucediéndose, es como si los colores se manifestasen uno después de otros. Pero sin la armonía de la obra, los períodos y las pausas no se siguen en un plan riguroso, la obra parece frustrada y su lectura se hace difícil.
Si el autor ordena bien sus períodos y conoce el arte de ensamblarlos, seguirle es tan fácil como sacar agua de un manantial. Pero si pierde la continuidad y descuida la armonía, parece que el fin ha sido colocado al comienzo. Cuando se turba la sucesión regular de los colores, la obra entera se vuelve confusa y mate.
Algunos autores se salen del tema en las primeras frases; otros desbordan al terminar, en los últimos párrafos. En los unos la elocución parece falsa aunque la idea sea conforme a la razón; en los otros la elocución es honesta, pero el fondo del pensamiento es falso. En ambos casos existen los elementos de una obra de arte, pero tal como se presentan son defectuosos. Conviene medir las calidades con un cuidado extremo y determinar lo que se conserva y lo que se elimina con toda precisión. Entonces, si una obra está trabajada según las buenas reglas, si su trazado es regular como una línea trazada a cordel, su redacción puede quedar definitiva.
Algunas veces el estilo es abundante y rico en razonamientos, pero la obra no alcanza su fin: por lo tanto es falsa. No hay dos maneras diferentes de agotar un tema: una vez que este es tratado a fondo, nada más se le puede añadir.
Hallar palabras decisivas y colocarlas en los lugares importantes de una composición literaria es conseguir el látigo que estimula al caballo. Aunque todas las frases estén bien ordenadas, será necesario el látigo para que la obra tenga mérito. Pero para que el mérito sea grande hay que usar la moderación, deteniéndose en lo elegido sin añadir lo superfluo.
A veces, un pasaje es armonioso como pieza de seda recamada, su pureza brilla de un resplandor supremo. Sus colores cambiantes son como bordados multicolores y elegantes,  su emoción vibra más que las cuerdas numerosas de una orquesta. Pero si el autor no se aparta en nada de los modelos que imita, llega a una identidad involuntaria con las composiciones de otros tiempos. Así un pasaje, aunque hermosamente tejido de sentimientos profundos, es de temer que otros ya le hayan precedido. Desde el momento que ello ofende la probidad del escritor y choca a la justicia, aunque lo sienta, necesariamente debe suprimirlo.
Otras veces sucede que un pasaje se abre como una flor, se yergue como la punta de una espiga, se aparta del resto de la obra, pareciendo romper su estructura. Esa forma no puede ser sostenida a todo lo largo del poema; su sonoridad será difícil conservarla. Se eleva solitaria en sí misma; no es trama de sonoridades comunes. Su pensamiento no encuentra par igual, es continuarlo, se eleva libremente y permanece inasible.
Las montañas reciben el resplandor que hace brotar sobre ellas el jade escondido en las rocas; los ríos se embellecen con las perlas que el agua guarda en sus entrañas; los arbustos no deben ser abatidos, pues su verdor unido puede tener encanto. Yo considero que reunir en una obra pasajes ordinarios y trozos excepcionales sirve para realzar el resplandor de aquella.
Algunas veces emplea la palabra únicamente para un breve canto; su obra se alza solitaria sobre una rama pobre. Si observamos, vemos que todo es tranquilo y silencioso, pero ninguna simpatía le acompaña. Si se dirigen los ojos hacia el pasado, todo es vasto y vacío, no se continúa la obra de nadie. Una obra así se parece a una cuerda aislada sobre un instrumento musical: tendrá en ella las posibilidades del canto, pero nadie vendrá a responderla.
Podrán otros emplear su talento en obras apresuradas. La belleza de su discurso será vana, adolecerá de brillantez. Mezclará en un solo cuerpo lo bueno y lo malo, y aunque mezcle materiales preciosos, no producirá más que obras defectuosas. Su composición recordará el sonido de las flautas que se tocan en las salas de fiestas; su sonido es tan precipitado, que aunque algún instrumento quisiera responderle, jamás conseguirían formar una armonía.
Hay poeta que descuida la razón para buscar la excentricidad y se dedica a desarrollar ideas huecas, a perseguir detalles ínfimos. Sus palabras no tienen sentimiento, carecen de emoción; su discurso flota y no se puede estabilizar. Su composición es semejante a una cuerda pulsada un punto y deslizada rápidamente. Aunque fuese armonioso el sonido, carecería de emoción.
Otro deja correr libremente su estilo para seguir el gusto común. Busca el ruido y la confusión, es pródigo en adornos literarios. Así regocija vanamente los ojos y se acerca a lo vulgar; aunque produzca sonidos elevados, su melodía es baja. Hace pensar en una música perversa; aunque emocione su obra, le falta continencia.
Otro producirá una obra pura, sobria y contenida, negándose toda repetición, suprimiendo todo lo superfluo. Pero será como un caldo sin gusto agradable; recordará los sonidos agudos y flotantes de la guitarra antigua. Hasta si comunica emoción, hasta si tiene dignidad, el poema carecerá de encanto.
Si, por el contrario, el autor sabe distribuir la abundancia y la economía, si hace sucederse la elevación y la sencillez transformándolas en arte justo, entonces los artificios del estilo producirán sutiles efectos. A veces las palabras parecerán sin malicia, pero la alusión será diestra; otras veces la alocución será viva, pero el pensamiento refinado. A veces el autor retomará los temas antiguos, pero sabrá darles aire nuevo; otras, tomará modelos imperfectos, transformándolos en obras perfectas. Examinará a fondo cuanto pretenda escribir y presentará lo examinado bajo una forma definitiva. Del mismo modo que el bailarín evoluciona siguiendo la música y agita sus mangas, aquel que canta sigue las cuerdas del instrumento que le acompaña desgranando sus sonidos. Es éste un arte que no se puede explicar con palabras, no es algo cuya esencia pueda fijarse con las vanas palabras.
Yo quisiera desde lo más profundo de mi corazón extender universalmente las reglas y leyes del estilo literario. Los escritores se esfuerzan por rectificar constantemente los errores del juicio del mundo, examinando lo que las obras de antaño encierran de calidades, pues aunque estén dotadas de afinada perspicacia y recto espíritu, corren riesgo de ser la irrisión de los ignorantes.
Sin embargo, la belleza de las palabras, los modelos de estilo pulido y elegante son fáciles de contemplar como el jade, tan fáciles como encontrar semillas en la llanura. Estas cualidades son inagotables como el soplo del aliento de una fragua, por el cual pasa el mismo viento que llena el espacio entre el cielo y la tierra.
A pesar de eso, si el mundo produce profusamente obras de arte, las buena ¡ay!, no podrían llenarnos el cuenco de las manos. Me da lástima que teniendo los modelos tan cerca, no sepan servirse de ellos, y que las buenas palabras encuentren tan difícilmente seguidores. A eso se debe que las obras progresen con incoherencia, las breves músicas en las cuales los pasajes vulgares vienen a completar el conjunto.
Entonces el autor siente con frecuencia fastidio al terminar su obra. Aunque sea vanidoso y suficiente, no llega a estar satisfecho. Si se rompe un vaso de barro, únicamente podemos recibir barro; el jade sonoro parece que se burla.
Por el contrario, cuando el autor está inspirado, su emoción se manifiesta, llegando a penetrar en aquello que estaba oculto. Cuando llega la inspiración, nada podría detenerla; cuando se va, nadie es capaz de sujetarla. Cuando huye, es como una sombra que se desvanece; cuando se manifiesta, es como una armonía resonante. Todas las facultades del alma funcionan a la perfección, ágilmente. ¿Qué caos no llegaríamos entonces a ordenar? Las ideas en tromba se levantan de nuestro corazón, las palabras brotan de la fuente de nuestros labios. La obra llega rica, total, presurosa; no tenemos más que dejar resbalar el pincel sobre la seda. La belleza del estilo llena nuestros ojos; la pura armonía, nuestros oídos.
Después, cuando la inspiración se aleja, quedan nuestros sentidos atrofiados e inmóviles; aunque queramos seguir, el genio reposa. Entonces nos quedamos inmóviles como madera seca, secos como un lecho de río sin caudal. El autor se vuelve hacia el interior de su alma para escrutar lo que es difícil conocer; busca concentrar la esencia pura de su espíritu para reencontrarse. Pero las nociones oscuras se vuelven cada vez más impenetrables; el pensamiento se produce lentamente, es como si a la fuerza lo arrancáramos.
Por lo tanto, ya puede un autor agotar todo su arte; lo que produzca sólo le causará fastidios. A veces, deja correr libremente su pensamiento, y su obra se aparta menos de la perfección. Todo esto se produce en el interior de nosotros mismos, y, sin embargo, no son cosas de las cuales podemos disponer a voluntad. He aquí por qué un autor muchas veces se lamenta, apretando sus manos contra su pecho vacío. Nadie encontró aún las causas por las que estamos inspirados o dejamos de estarlo.
Si ahora quisiéramos hablar de la utilidad de la literatura, comprobaríamos que sirve para expresar eficientemente todos nuestros pensamientos. La expresión literaria puede recorrer lenguas sin encontrar obstáculos, atravesar cien siglos, y servirá lo mismo de modelo. Elevándonos hacia el pasado, contemplamos en ella la imagen de los hombres que fueron; inclinándonos sobre el porvenir, legamos con ella un modelo a las generaciones futuras.

La literatura sostiene las artes civiles y militares cuando están a punto de derrumbarse, propaga el deseo y la gloria de la virtud, sin jamás dejar de brotar. Su paso no conoce nada tan lejano que ella no pueda volver próximo; su razonamiento no conoce nada tan sutil que ella no pueda explicar. Su acción es tan benéfica como la de las nubes y el agua; simboliza la transformación de los demonios y espíritus de la naturaleza. Sus producciones recubren los bronces y las piedras, derrama la virtud, es perpetuada por la música y contribuye a la renovación moral constante del mundo humano.

domingo, 10 de febrero de 2013

JACOBO FIJMAN: poemas con fecha


Jacobo Fijman, POEMAS CON FECHA, “Cántico Trascendente y Otros poemas” (1952 – 1969). En Obras (1923 – 69) 1: Poemas. Araucaria Ed., Bs. As., 2005.



Canción de la Doctora del Anillo de Jaspe

Voy cantando cantando
el estupor de los divinos nombres de todo cielo y toda tierra.

Mi voz se enciende como el amargo mar cubierto por el trópico de cabras,
mi voz de sanguinarias tardes de occidente,
el incruento occidente de toda flor que es sacra.

Voy cantando cantando
voy cantando por las calles del estupor, por voz de cruz y de estupor de estrellas,
por estupor de cruz de estrellas.

Voy cantando cantando
por los vivos cristales de las claras ovejas,
por la extática lumbre de la muerte:
yo soy la beatísima doctora de aquel portal de las personas,
del eterno portal de toda gloria.

Mi voz, mi voz se enciende como los negros peces del corazón de tierra
en el seco candor de la pobreza.

Voy cantando cantando
por la Ciudad Eterna, con sus calles más lentas y sus luces más graves,
por los vivos cristales de toda flor que es sacra,
con el amor que sangra sobre preclaros montes,
de llamas y de fuego,
encendido en la llama y en el fuego de la extática lumbre de la muerte.

Voy cantando cantando
por los fríos cristales entre los bueyes duros de las rojas tierras
el estupor de toda voz y el estupor de todo canto.

Voy cantando cantando:
Negra soy, pero hermosa,
llena de lágrimas de llanto en el seco candor de la pobreza.

Voy cantando cantando
el estupor de los divinos nombres de todo cielo y toda tierra
por el portal de toda gloria en extática lumbre de la muerte.

(Hospicio de las Mercedes, 1952)


Cuento de Sheherezad

¿Qué quieres que yo sea?
Si dijeras la flor
yo sería la flor.
En la luz, en el alba,
¿qué quieres que yo sea?
Has vestido de serlos ríos y las lunas.
Los peces en la luz,
los peces en el alba
recogieron las lunas.
Si dijeras la flor
llevaría la flor
con mil sueños y noches
a las bodas de muerte.

(24 de abril, ¿1953?)


Libro de la Hermosura Negra

Libro de la hermosura negra del contemplar
por el más sutil de los escribas que compuso
las sacras líneas sin más color ni más
naturaleza que el primero entre todos en el
supremo orden de la superesencial divina esencia
densa y plenísima de arcanos; sentencioso y
fácil, en que se expulsa el acto reverente de la
muerte sobre la faz original de la incomprensi-
ble muerte en la increada substancia de la
muerte.

(18 de septiembre, 1953)


Canción para la Niña Prosa de la Cruz

Ésta es la isla de mar
y ésta es la casa de llanto.
Tú sobre el mar
aproximas el llanto.
La isla da una flor,
un pájaro, una niña,
y la casa la grave
soledad informada
del amor y del llanto.
Este día es la isla
y este día es el mar,
y esta noche es la casa
sobre el llanto de mar,
tú prosa de la cruz,
de una flor a otra flor
de esta tierra de casas
obre estrella de mar.

(13 de noviembre, 1962)


Muy Beata Poética Beata

Tú sentirás la pura eternidad,
sinfigura, beata,
sinrazón, infinita,
sinfigura, absoluta, sinfigura, beata.
Tú sentirás la pura simplición,
beata vestidísima beata
sinrazón, indistante,
la simplición harmónica beata,
sinfigura, beata,
de eterna eternidad.

(26 de noviembre, 1962)


Canon

Castilla parte en cruz las aldeas y torres,
los versos y los llanos.
El Cid cabalga en cruz;
y los siervos blasfeman con la sangre de Cristo.
Los molinos se tornan por un tiempo de muerte;
y Don Miguel Cervantes redime los cautivos
con ayunos y prosas consonantes.
Castilla dice el Canon en la sangre judía
de los niños judíos;
y las torres malditas de las viejas aldeas
asesinan en cruza los siervos y llanos.

(28 de noviembre, 1962)


Versecillos de Castilla la Muerta

Tú, platero de siervos y de siervas
en cuyas manos son las cosas abscondidas,
ibas por soledad
de torres y campanas
en soledad rajada de Castilla la Vieja,
la de mulas y sierras,
y torres y campanas
y soledad rajada de Castilla la Vieja,
tú, platero de siervos y siervas
en la lución beata de los cirios,
¿quién tocará la eternidad
en sus piedras de muerte?
-Tú, platero del río de la luna,
de tamboril y gaita,
de aldea y de lluvia, de torres y campanas,
y soledad rajada de Castilla la Muerta.

(1 de enero, 1963)


Polifonía

Vaya peso de estrella con su rayo de espanto
de eterna eternidad de eternísimo llanto;
que está de toda soledad
eternísima toda de toda eternidad.
Yo la había de estrellas de toda eternidad,
la que fue más que eterna de eternísimo espanto
en un peso de llanto,
de soledad y rayo de toda soledad.

(febrero, 1963)


Janua Caeli

En una tabla viejal
a niña lleva el llanto
de los días con sus noches
y tres rayos divinos.

Tú pintada de bodas,
de torres y campanas,
de ríos y colinas y rebaños,
y una luna de fiesta
con historia de gentes.

Tú pintada de sueños,
los niños echan piedras,
los caminos espinas,
y la sangre su gloria.

Cantan en las afueras
las figuras sentadas.
Tú la niña pintada de los sueños
en la puerta de cielo,
tú querías la flor
y la paloma blanca,
y una luna de gentes
con la sangre de gloria.

(19 de abril, 1963)


Romance de la Ausencia

Estoy ausente
del amor y del odio
con un río de nombres olvidados
y los pájaros músicos
en las tinieblas rojas como lirios.

Estoy ausente
con muchas lejanías
en las sombras trenzadas
de las niñas criollas,
de pampa azul,
bajo la nube blanca
más grande que los cielos y la muerte.

(26 de abril, 1963)


Confíteor

Quitemos toda flor.
Nos dejaron sin nombre la ciudad y la gloria.
Está sola la muerte,
sin pasión y sin llanto.
Tres golpes han llamado la eternidad beata,
tres golpes de tinieblas, sin pasión y sin mundo,
han llamado en las horas
de un antiguo reloj de ciprés y tristeza.
Quitemos toda flor,
que está sola Lutecia,
está sola la muerte.
Tres golpes han llamado la eternidad beata.

(14 de mayo, 1963)


De la Aldea en los Naipes de Castilla la Vieja

Con unas mismas lunas aprendimos la muerte:
un aldea en los naipes de Castilla la Vieja,
cuando en muerte de viernes en ayunos y llanto
con unas mismas lunas
en ayunas y muerte.

Entonces siempre lunas
reparamos la luna del aldea.
Allá donde tú tienes la canción y la aldea,
tú me llevas contigo en el día de muerte
con el día de viernes y las mismas aldeas,
y las lunas y muerte.

(25 de junio, 1963)


Romance de Nombradía

Cuando andaba Castilla
de la cruz sufriente,
bien pudimos de llanto
de los nombres de Cristo.

Pues que somos la muerte
a buena eternidad
partimos el aldea
de los días y noches.
+(Fue para amor camino+)
bien nombrados de muerte eternidad.

Estamos recibidos
de toda flor de estrella.
Nos llevamos Castilla de las torres la Vieja
para Castilla eterna,
bien nombrada la muerte
de cruz, de eternidad.

(30 de agosto, 1963)


Égloga Concreta que Sustenta la Abstracta Belleza de las Cosas, para el Místico Doctor San Juan de la Cruz

Tú que engendras rebaños de húmedas llanuras
y cálamos sonoros de bosques y de vientos,
pastor de efigies tenues y clarísimas nubes,
la arboreidad de sombras emanan en tu canto;
y un corazón antiguo de noches y de días
solloza en el amor de los graves balidos.

Una nueva substancia renueva la sustancia
de la flor o la mente,
la emanación, el sueño, la vigilia,
la grandeza del mínimo, la lucidez, el fuego.
Del corazón antiguo de noches y de días
sollozan el amor de los graves balidos.
Quien golpea la tierra llama temor de muerte,
simulacros tan densos como piedras eternas.
Tu bondad nos responde en las cañas agrestes,
tú que ingenias rebaños
de la luz en la nube de la muerte.

(6 de diciembre, 1963)


Cántico Trascendente

Las estrellas se fugan en el mar y la noche
donde encuentra su imagen la belleza fugada.
Pero también la noche en todo el mar
transfigura sus partes en la noche,
en la flor, en el sueño o en la muerte.
Tu soledad es una fuga de máxima belleza
de cuerpos y sin cuerpos, del amor y del llanto,
una idea del mundo
con sus cielos y vientos.
Tú que vuelves ahora secretamente eterna
tan en sí como es Dios, la belleza o el mundo.
Dios se fuga en la gloria,
en el uno de gloria
de la estrella, del mar.

(25 de diciembre, 1963)


Epístola Rural

Se anuncian en la flor
los limones Asyrios;
y el ciprés concorpora la más alta tristeza
de la virtud celeste.
Las viñas, los olivos y las palmas,

las manzanas redondas con sus días y noches,
y cuadrúpedas sombras de chivos o de cabras
correrán en el agua de la luna creciente,
circunscritas y vanas como el mundo.

(12 de abril, 1964)


Epístola a Favonio

Quirinus vela el sueño de la ciudad eterna.
Te recomiendo el Tíber, oh Favonio de España,
las dulces aguas de sus aguas muertas.
Cilicia escribe sombras en las piedras de Roma;
y fatua las redacta de las lunas al mundo.
Etruria pantomima.
Los lidos y curetas pantomiman la danza
de ciclos y de vientos
con perlúcidas noches
y las cabras leñosas con estupor celeste.
Troya vence a los griegos en legiones romanas.
Te recomiendo el Tíber, oh Favonio de España.

(28 de mayo, 1964)


Canción de Pueblo y de Senado

Reconoce el ciprés, oh Volumnia beata,
los mirtos prepotentes y las selvas romanas.
La flauta pastoril
compone los rebaños de las tardes
de esplendor y laurel.
La corneja vencida
depónese en el llanto;
pero el águila afina la razón de la muerte,
los mirtos prepotentes y las selvas romanas.
Cuando nazca tu hijo
nacerá la pobreza con los nombres de Cristo.
Oh Volumnia beata, oh Volumnia beata,
los mirtos prepotentes y las selvas romanas.

(1 de junio, 1964)


Canción en Dogma Regular de Cristo

Magistrado de cruz que residencias cosas,
tú dabas las palomas y las nubes celestes
en las solemnes formas de la ciudad eterna.
Tu destino es muy alto, y la respuesta gloria.
Los campos en la tarde quedaron en la tarde,
y tú dabas palomas a las nubes celestes.
Magistrado de la cruz,
tu canción regular cantaba sobre montes
razonando palomas en las nubes celestes.

(17 de agosto, 1964)


Cana de Galilea

Están cerca las bodas
y el cántaro de piedra
y la noche de tierra.
Tú, la noche de bodas
y sustancia de tierra,
levad el cántaro de piedra,
Cana de Galilea,
inmanente, perfecta,
de cántaro, de piedra,
y la noche de tierra.

(2 de octubre, 1964)


Égloga Común

Los corderos y bueyes, indiferentemente,
vieron nubes y luna sobre el mar;
y los pastores vieron, indiferentemente
los bueyes y los corderos,
y tomaron la luna, los bueyes y corderos,
y las cuatro vigilias, indiferentemente.

La luna es del pastor,
y más en el pastor,
y menos en el buey.

El mar, el mar,
sobre la luna, sobre el mar.
El pastor y el cordero,
el ángel y la luna, indiferentemente,
sobre la luna y sobre el mar.

(28 de octubre, 1964)


Flor de Santidad

Ya quietaron, amor, con la última estrella
de eternidad el mundo;
y se unen los vientos en la nueva manzana.
Tu corazón concibe de las cosas
el verbo de las cosas,
tú que espiras, amor,
y que mueves los nombres son la última estrella
sobre el último fruto de la tierra.
Tú ves la nube, de la flor,
la belleza del ángel, la profunda belleza
circunscrita del ser
sobre el no ser más puro del empíreo beado.
Ya quietaron, amor, con la última estrella
de eternidad del mundo.

(28 de octubre, 1964)


Álamo de Castilla

La ciudad de Toledo:
desamparo de torres
y cenizas de águilas vencidas,
de cuya soledad,
antiguo olvido de dolor
y quebranto de nubes,
con el uno y el otro, teniéndose en la gloria
de una misma muerte;
y tú que ves el álamo tanto ves al Quijote,
y menester de lanza,
y siendo en los cipreses ya te cubres de llanto,
tú, ciudad de Toledo, la ciudad de Toledo
para te recordar,
álamo negro de pasión y muerte.

(16 de marzo, 1965)


Romance Lunar

Lunador, cuatro lunas
han lunado los cielos
que valen a los trigos y cebadas,
una luna de tierra secará las manzanas
cerrándose en los ojos más bellos de la muerte.
Y tú lunante por las lunas lunado
entre cosas y cosas,
aún el ser del verbo, y las lunas, y mar,
aún el ser lunado,
y los ojos abiertos que sacran a la muerte.

(24 de mayo, 1965)


Letanía del Buen Uso

Uso a lunas y mar,
¿de qué mar es el viento,
uso a lunas y mar?

Llamemos a la aldea
para el viento de mar,
por estar con las lunas
dando lunas y mar,
uso a lunas y plata,
plata blanca de mar,
dando lunas y mar
y la aldea asentada
a las lunas de mar,
¿quién de las lunas está
de lunas y de mar?
Tañen nuevas campanas
uso de majestad.

(25 de mayo, 1965)


Gramática de Estrellas Fijas

Tú que traes ausencia de aldea,
han pasado los campos, y los bueyes son graves.
Del septentrión las nubes,
y la Osa Mayor,
y su algo eviterno de celeste bondad.
Por el amor de las primeras lunas
y la luna suprema,
con la última luna se producen las albas,
y la mujer nutrida de los claveles rojos.
Vendrá la misma luna cuatro veces de luna,
y las especies mismas, las razones diversas,
de toda llama surgen cuatro virtudes lindas,
bajo la pulcra luna
y las estrellas fijas de la luz arraigada.
La luna está dispuesta con sus tiempos de luna
y la flor de tu llanto sobre el amor del mundo.

(14 de septiembre, 1965)


De Mística Teología

Tú que vuelves por lágrimas el evo del arcángel y la rosa,
Tú que luces el acto de los soles beatos,
¿a quién ama el amor de las dulces gacelas?
¿a quién la eternidad?
Tú que vuelves por llanto la soledad, la muerte,
las torres olvidadas y la paz de la aldea,
y tu cuerpo más fuerte,
más presente que el sueño de la luz y la muerte.

(8 de diciembre, 1965)


Copla Trascendente, o Divina Relación para Tórculos de Castilla la Vieja

Con leyenda dorada
andan por libros viejos, de quien la rancia gloria,
las armas y varones,
la agudeza rompiendo las murallas,
muy en orden las letras, y la paz, y la muerte,
las gentes y las lenguas, la cristiandad perfecta,
los hierros y marfiles, retablos y ciudades,
binas y primaveras, ser de campos, de estrellas:
el trigo, la cebada, y la paz, y la muerte.

(1965)


Égloga de Bodas

Recibidas las lunas,
con éstas sean bodas.
Los cielos crían lunas,
y las tierras ovejas.
Tú, venida a la aldea,
sabionda de tierra:
los montes quedan altos
y poniendo las cabras,
y de vos soledad.
Los cielos crían lunas,
y las tierras ovejas,
los montes quedan altos,
y contigo las cabras;
y siendo aldea a lunas
con éstas sean bodas,
los montes y las cabras.

(1965)


Égloga de Castilla

Algo baja en la parte de las mulas y llanos.
Vamos de medianoche,
y de éstas las tierras
ya concluido los montes,
en cuenta de la luna,
la cual será vieja,
por tanto de los mirtos
allegamos Castilla
algo baja en la parte de las mulas y los llanos.

(1965)


Canción para la Bella Sor María de Ágreda

Aún los mediodías,
y los campos infusos y de estrella,
como quiera de cabras, muchas negras y yermas,
con sosiego de pinos entre montes
de Castilla la Vieja.
Más dulce toda flor y más pura su muerte
aún los mediodías, cual de estrellas.
Amor de ser y ser detiene eternidad
en Castilla la Vieja.

(21 de diciembre, 1965)


Con Castillas de Antes, con Castilla la Vieja

Soledad, soledad,
hasta que haya flor y llanto,
el que antes habías la misma flor,
el mismo llanto.

Para mulas de carga los llanos y montañas,
y las hijas del rey,
para mirar cantando las albas y las albas,
y sus ojos iguales y su llanto.

(25 de diciembre, 1965)


Solsticio de Verano

El círculo de montes y de cabras,
la eternidad equívoca, el ángel y la muerte
con el sol más perfecto,
y la ciudad infusa de la luz y su canto.

Aún los montes son equívocas cabras
y las cabras de montes.
La eternidad unívoca de Dios
con el ángel que muda las entrañas de piedra
y sus ojos infusos y la luz y su canto
con el sol más perfectos
mirando eternidad del ángel y la muerte.

(27 de diciembre, 1965)


Canción de Manos Taciturnas Ocupadas de Muerte

Las encinas retiran las águilas más rojas
cocidas en el barro de las nubes y llanos.
Tuya es la tarde de la luz, del día,
y la flor de la sangre con el nacer que nace de tu boca
en la noche carnal
de estampas, y de nombres, y de lunas.
El tacto se alimenta de esplendor;
y la muerte vital sabe del horizonte
la anunciación del mundo.
Tus manos taciturnas eran verdes y graves;
y los negros pinares de las naves,
poseídas de muerte.

(31 de enero, 1965)


Siempre en Sí

Con su campo de estrella
el nombre solariego de torres y rebaños,
las más águilas rojas de torres y rebaños,
las más águilas rojas, potentes y triunfante,
el vespertino celestiar,
flor de rayos y gloria.
La piedra sanguinosa en tiempo de muralla.
Aquel mar sobre el mar,
el ángel eviterno
con aquel universo de fuego, de candor,
siempre el mismo de ser y de no ser;
el pavor y su lejos, y su lejos de llanto.

(14 de marzo, 1966)


Verso Poliformo

En el nombre mayor
las ásperas colinas turbándose en las cabras y las noches,
y los valles profundos,
que nacen de los soles, alabaron los días,
que viven con el árbol de las gentes romanas.

En el nombre mayor,
voy buscando las cosas, sintiéndome en la tarde
de ciudades y llanos;
y los pasos en flor
tocan impenetrable eternidad
de la belleza pura con belleza de mundo.

(28 de marzo, 1966)


Relación de Elegía

Ahora viene en soledad
el cordero, la flor,
el pájaro, la nube,
la tarde para siempre de la tarde,
de luna a la luna,
la metáfora siempre,
ya la canción en sí,
la soledad más alta,
el cordero, la flor,
la agonía beata,
la aldea, la torre,
y la luz siempre en sí,
la soledad, el mundo,
el corazón en sí,
el llanto siempre en llanto
de beata agonía, mientras sube la aldea,
del cordero o la flor,
la beata agonía
del amor y del llanto.

(24 de abril, 1966)


Balada para el sueño de las Tardes

Tú que cortas manzanas
de la reciente eternidad
concluida de la aldea,
las manzanas en flor,
las manzanas del alba;
esta aldea del nombre con aldea
más inmóvil que el nombre del fuego o de la tierra,
tú que cortas manzanas,
que sean las manzanas,
en iguales distancias, en distancias eternas.
Las tardes inclinaron las recientes manzanas,
inclinaron aquellas ingeniosas
de eternidad de eternidad.

(27 de abril, 1966)


Urbs Antiqua Fuit

Córdoba muere en soledad
tañendo el su cuerpo de dolor y de llanto,
tú que llevas las cabras,
ya negras, y ya rojas,
y la pasión vestida de la tarde.
La rosa y toda flor,
el pábulo, la cera, y la lengua dotal
de Castilla la Vieja.
El alma sentidora hace en las manos
la eternidad del mundo.
Pero Córdoba muere, la Córdoba dotal
tañendo el su cuerpo de dolor y de llanto.

(1 de junio, 1966)


Epílogo del Ángel o la Flor

Tu corazón de luna vieja
coexiste en la tarde
de tu sueño perfecto.
Las cosas son eternas
del ángel o la flor.
Tu corazón se enciende con la noche
de la luna más vieja
y la verdad eterna de las cosas
del ángel o la flor,
y diez cielos que tañen sobre el mar
de la luz y la muerte.

(25 de julio, 1966)